EL DENOSTADO NOMADISMO VITAL

   En la actual coyuntura en la que vivimos se nos educa desde el plano familiar e institucional que la mejor forma de vida es aquella en la que introducimos la máxima estabilidad tanto en nuestro plano personal, social, laboral, etc. La idea es desterrar toda preocupación procedente de nuestro entorno para vivir tranquilos, sin tener que afrontar riesgos y desafíos que puedan superar nuestra capacidad emocional y sumirnos en situaciones o temporadas potencialmente destructivos.

   Apodérate de un trabajo fijo, forja una familia estable, cubre necesidades creadas por otros, y vive una vida tranquila que te permita ciertos privilegios. Pero la verdad, nunca nadie es capaz de definir esos privilegios porque simplemente son escasos o ni siquiera se han parado a reflexionar sobre ellos.

   Está claro que los tiempos en que vivimos, conforme nos hacemos mayores, es cada vez más difícil adaptarse a las dinámicas que forman la idiosincrasia de la sociedad pero también es verdad que la capacidad de adaptación se nos atrofia justamente por venir de la tan perseguida y recomendada estabilidad. De hecho, nos dicen que la estabilidad es tranquilidad pero ¿Cuánta tranquilidad sacrificamos por mantener la susodicha estabilidad?¿Hasta que punto el miedo a tener que comenzar casi de cero nos mantienen sumergidos en situaciones vitales que nos atormentan por dentro?

   Si tu vida carece de estabilidad en los distintos planos personales tienes que saber que no hay nada malo en ello y que si te encuentras en un punto en el que tu situación difiere de la de la mayoría poblacional en tu rango de edad, no pasa absolutamente nada. Fíjate que esta inestabilidad nos hace trabajar el campo emocional para mantenernos a flote pese a tener que estar siempre afrontando nuevos desafíos provenientes del plano material, laboral, familiar, personal, etc. La inestabilidad nos forja como personas y convierte lo que para otras personas son turbulencias inadmisibles en olas fácilmente superables.

   Nuevos trabajos, nuevos entornos sociales, nuevas habilidades a desarrollar, ciertas virtudes que nacen y otras que se perfeccionan. Todo esto, pese a que nos han educado en que debemos evitarlo para garantizar nuestra estabilidad y tranquilidad (también definida como paz interior), generan círculos virtuosos de desarrollo personal que si los aprovechamos nos harán avanzar en el campo espiritual de una forma considerable mientras otros se mantienen inmóviles en entornos perjudiciales para ellos mismos y sin generar capacidad de adaptación para conseguir o mantener esa paz y tranquilidad que tan solo proyectan hacia fuera, hacia la sociedad de la que formamos parte, sacrificando su ética personal por la estética social.

   En definitiva, todo nomadismo vital y toda inestabilidad que seamos capaces de encajar emocionalmente nos hará desarrollarnos y fortalecernos en medio de una tormenta que cada vez será más suave por ir abrazando este estilo de vida. No te preocupes por detectar carencias que puedas tener en cuanto a la media de la población por no contar con una estabilidad que nos venden desde muchos lados. Muchas veces aquellos que nos la desean tan solo quieren su tranquilidad con respecto a nosotros mismos más que la propia nuestra. Abraza la inestabilidad y fórjate como persona bajo ella si es esta tu situación. Si lo haces, verás como todo se alinea para que seas capaz de conseguir paz y tranquilidad bajo este nomadismo vital. Aprovecha para perfeccionar la tan importante virtud conocida como adaptabilidad que contribuya a que poseas un Espíritu (uno de nuestros activos intangibles) más potente.

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